
Por fin, en un acto celebrado ayer día 20 de diciembre en Cochabamba con la presencia de personalidades internacionales, el Presidente de la republica pudo declarar a Bolivia país libre de analfabetismo, algo que la UNESCO ha calificado como de evento ejemplar.
El esfuerzo, que ha contado con el apoyo de cientos de especialistas y consejeros tanto cubanos como venezolanos, ha costado más de 60 millones de bolivianos y casi tres años de trabajo intenso para llegar hasta las 825.000 personas analfabetas del país que, de acuerdo con el censo de 2001 constituían un 14 % de la población.
Es fácil denigrar el hecho de que alguien no sea capaz más que de firmar su propio nombre y leer de manera básica. También es fácil ignorar el alcance de la campaña de alfabetización como lo han hecho los prefectos de Oriente que no atendieron las celebraciones de este logro en sus propias regiones o que critican este momento de orgullo nacional como mera propaganda.
Sin embargo, para Julio, un alfabetizado de 76 años, el aprender a leer y a escribir es una questión de dignidad que le confiere el derecho a tener un carnet de identidad con su propia firma en vez de uno con su huella digital y le convierte, por primera vez en su vida, en un ciudadano de primera. ¿Acaso se ha preocupado algún gobierno en la historia del país en llegar a este punto? Por supuesto que no, pues su poder estaba basado en la opresión y exclusión de una clase analfabeta y pobre, frecuentemente de zonas rurales, y en su mayoría compuesta por mujeres.
Bolivia cambia y lo hace de manera acelerada. El siguiente paso de esta campaña comenzará pronto en Paraguay donde el nuevo presidente Lugo ha mostrado interés en replicar la campaña de alfabetización. En cuanto a Bolivia, la campaña de post-alfabetización ‘yo si puedo seguir’ se pone en marcha en febrero de 2009 para conseguir que toda la población llegue a cursar estudios de primaria.
¿Es este el primer paso hacia una recuperación nacional de dignidad? Sin duda alguna.


